Amazonía
La temporada de crecida del Amazonas: un paisaje en movimiento
Un panorama de cómo la inundación estacional transforma los bosques y las vías fluviales del Amazonas, y por qué importa el momento del viaje.
En el Amazonas, el nivel de los ríos no permanece constante a lo largo del año. Sube y baja en un ciclo que transforma el paisaje y cambia la manera en que uno se desplaza por el bosque en bote.
Durante el período conocido como temporada de crecida, o cheia, el agua de los ríos se extiende hacia zonas de bosque que permanecen sumergidas por un tiempo. Estos entornos temporalmente inundados se conocen como igapó y várzea.
La diferencia está en el agua misma. La várzea se inunda con aguas blancas, cargadas de sedimento que se deposita como limo fértil. El igapó se inunda con aguas negras o claras, pobres en sedimento y oscurecidas por la materia vegetal en descomposición; es el agua que lleva el Rio Negro. Los dos bosques se asientan sobre suelos distintos, y desde una embarcación no se parecen.
Cuando sube el nivel del agua, los botes pueden alcanzar partes del bosque que son inaccesibles, o que simplemente lucen diferentes, durante la temporada seca. Esto no significa que todo río o todo tramo de bosque se vuelva navegable durante la crecida; el alcance del agua depende del lugar.
La subida y bajada de los ríos también afecta la manera en que los animales se desplazan por el bosque y dónde se vuelve disponible el alimento en los distintos entornos. Esto no significa que se pueda esperar la aparición de alguna especie en particular durante la crecida, y no se puede prometer ningún avistamiento.
La temporada de crecida y la temporada seca ofrecen maneras distintas de experimentar el bosque, moldeadas por hasta dónde llega el agua y cómo responde el bosque a ella. Ningún período es inherentemente mejor que el otro; simplemente son diferentes, y esa diferencia importa al planificar un viaje.
Debido a que el momento y la extensión de la crecida varían de una parte del Amazonas a otra, y debido a que no existe una fecha fija en el calendario que marque su inicio o su fin, la temporada del viaje merece ser sopesada con cuidado al elegir qué tipo de experiencia amazónica se desea vivir.
Visto así, el Amazonas no es un telón de fondo fijo, sino un sistema en movimiento, cuyos bosques, vías fluviales y ritmos de vida cambian con el pulso de sus ríos.